Miré hacia arriba no sé si buscando despedirla o reencontrarnos, y quedé boquiabierta. Era un atardecer que... Mirá, te hubiese creído si me decías que su cuerpo se había derretido y desteñido el cielo de oro y flores. Había un rayo de nubes rosas como un brazo, y yo pensé: o me invita o me salva. Las dos son buenas.
viernes, 20 de diciembre de 2013
lunes, 2 de diciembre de 2013
Limón y miel
Me endulza tu final porque es comienzo, una sobremesa con
vermouth y cosas ricas, un aire de enero que se me insinúa con luces de
colores, aire fresco y sensación de alivio. Me ablanda tu final porque me
envuelve, me persuade, me conquista, y sobre todo porque le creo. Sé que es un
final glorioso. Sé que la muerte no me invade. Sé que las despedidas no me
apenan. A menudo vuelven a encontrarse las abejas y las flores, y se recuerdan.
martes, 29 de octubre de 2013
Además
Sogas blancas colgadas del árbol
atardeceres húmedos
restos de fuego en las cenizas
calma de campo.
Una caminata de kilómetros
una trinchera en el fondo del río
un arrumaco de polvo y vencido
el cuerpo
en reposo
el sueño tibio.
Además lo quería…
Además del incendio
la esclavitud
la entrega
El éxtasis de la guerra.
Además.
jueves, 17 de octubre de 2013
Menos, más.
Atardece con fernet.
Atardece con tu adiós frío en una mano
y el cigarrillo que en la otra se prende.
Mueren tantas cosas.
Muere el sol detrás de la General Paz,
muere la vergüenza en mi boca,
muere la vidala y el que la toca,
morimos despacio
mientras la vida se cambia de frente,
y muere este costado de ausencia
mientras al otro lado de la calle
detrás del árbol
una flor crece.
Atardece con tu adiós frío en una mano
y el cigarrillo que en la otra se prende.
Mueren tantas cosas.
Muere el sol detrás de la General Paz,
muere la vergüenza en mi boca,
muere la vidala y el que la toca,
morimos despacio
mientras la vida se cambia de frente,
y muere este costado de ausencia
mientras al otro lado de la calle
detrás del árbol
una flor crece.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Estrellas que no mueren
¿Cómo llego al cementerio de la tristeza?
¿Qué infiel manda al condenado su castigo?
¿Dónde se alojan las palabras que no digo?
¿Hasta dónde puede uno caminar sin ganas?
Ante todas las cosas la coherencia:
ni una cucharada de miel en este desayuno frío.
Acaso como si no fuera posible una palabra,
[que no hay pocas,
[que no hay pocas,
tan poderosa que convierta en milagro el barro,
canta Silvio, sólo el amor engendra la
maravilla.
Hay demasiadas cosas que nunca pregunté:
¿Cómo llora la muerte de otro un moribundo?
¿Qué canción cantan los ángeles antes de dormir?
¿Cuándo se ha dado suficiente?
¿Cuándo mejor velar por uno?
Porque afuera ladran perros, se oyen disparos,
y es como si todas las balas preguntaran por mí.
Y yo insisto,
y es como si todas las balas preguntaran por mí.
Y yo insisto,
sé que afuera hay un jardín de rosas,
sé que hay algo más dulce
que este rechazo constante.
que este rechazo constante.
Tal vez deba salir por la puerta de atrás.
martes, 27 de agosto de 2013
Déjamelo todo a mí
Nunca
busques mis vicios,
mis libertades,
mis ofrendas.
Nunca te enfrentes a mis
dudas,
a mis miedos,
a mis deudas.
Nunca liberes mis prejuicios,
mis encierros,
ni los venzas.
Nunca me quites mis dolores,
mis errores,
mis ofensas.
domingo, 25 de agosto de 2013
Volver
Agradecer
que el cuervo voló alto y su pico curvo pendenciero fue alarma, y porque fue
alarma fue rezo. Agradecer que el día nublado no dio ganas de salir. Agradecer
que la congoja se quedó adentro, acampó en la habitación, recostada en la cama
con el paño húmedo vedando los ojos y abriendo el resto de los sentidos.
Agradecer la transparencia, la invisibilidad de la pureza que obra de formas
misteriosas, Dios no se ve y por eso es más grande. El universo es gigante.
Agradecer
la familia, agradecer la casa, agradecer la vuelta. Agradecer los padres,
agradecer la vida. Agradecer lo importante que siempre nos salva. Agradecer la
frecuencia del latido. Agradecer la simbiosis de elementos.
-Estás como enajenada, ¿viste? Es como que se
te va el alma del cuerpo, después quiere volver pero no encuentra lugar.
Ella había
recibido un tiro hacía no más de tres semanas atrás, sabía mejor que yo de lo
que hablábamos.
-Exactamente eso, eso es lo que siento-. Le respondí.
-Bueno, usá la risa, en serio te digo, reíte de
esto, movete, poné música fuerte, buscá algo que te traiga de vuelta el alma al
cuerpo.
Y yo fui
muy obediente. Puse el disco de Gilberto y me puse a correr dando vueltas a la
habitación escuchando fuerte Expresso 2222. Después me paré enfrente del espejo
y comencé a hacerme morisquetas, igual que como se las haría a un niño. Me
causó tanta gracia verme en esa sucesión de intentos por volver a mí, que
volví. La risa me trajo de vuelta.
Agradecer
que el verano llegue también en la montaña. Agradecer que la fe procree consigo
misma. Agradecer que uno baste para todos. Agradecer que estamos protegidos.
Agradecer que el cielo sea grande. Agradecer que hemos sido bendecidos.
Agradecer que el día sea largo. Agradecer que el sueño sea gratuito. Agradecer
que hayas escuchado. Agradecer que hayas llegado a tiempo, que se hayan ido a
tiempo, que estemos a tiempo.
Agradecer jueves, 15 de agosto de 2013
Colorado el 37
A veces doy
vuelta a las esquinas y vuelvo al mismo callejón que dejé atrás en una corrida,
tenía siete años y jugar a las escondidas me daba miedo. Mis escondites eran
siempre muy ingeniosos y eso era lo que me asustaba; temía que tardaran tanto
en encontrarme que antes de eso desistieran de buscar y más aún me aterraba
cuánto el mundo pudiera cambiar en el tiempo que yo demorara en salir de mi
escondite. Poco tiempo después dejé de jugar. Hay calles que todavía saben a
eso.
Cada tanto
se aparecen los fantasmas para recordarnos que somos libres de asustarnos.
Hoy te temo
por tantos lados que no importa qué camino tomara para recorrerte, lo andaría
dudando. Aún si volviera buscándote con ganas nuevas, algún pasado me pesaría
en los abrazos y algún beso me daría miedo a labios viejos. Que tanto tiempo y
poco pasó, que no pude borrarlo: cada muerte que esperaba renacer de la ceniza,
y vivir cremada en una tristeza casi más grande que mi valor de recobrar la
vida debajo de todo ese polvo de hartazgo. No saber ya qué sacarme para darte
todo e igual no tenerte ni tenerme, que era peor. Aún si volviera, ¿cómo
arrastraría mi fe conmigo? Que ya ni ellas me siguen, de un tiempo hasta ahora
han llamado por su libre albedrío: mi fe, mi libertad, incluso mi instinto de supervivencia.
Todos han tomado su propio camino, a veces hasta deciden por mí y se me imponen
con aires modernos y altivos. ¿Cómo podría yo persuadirlos sin convicción?
Al menos
ahora las noches caen antes de que salga el sol y puedo dormir, aunque todavía
despierte, mire el reloj y sean las cinco y trate de sedarme imaginando recorrer Latinoamérica con un pañuelo en la cabeza y un auto usado. Trazo recorridos en un mapa mental, seguro mal dibujado, y cuando llego a algún
paisaje caliente y de arena clara, vuelvo a dormir.
Al menos
ahora, aunque sin certezas, pruebo bocado y me levanto a la mañana siendo algo
más que una prolongación del sueño, que un corte transversal en plena vigilia. Al
menos ahora vuelvo a tocar las cosas que me pertenecen sin que me ardan las
llamas de los dedos y puedo acercarme a la gente sin imponer en sus rostros tu
cara. Al menos ahora, Silvio, puedo volver a escucharte.
miércoles, 24 de julio de 2013
Mneiae
No tengo nubes
que pretendan quitarme
ni arcoiris ni tormentas,
ni que hablen más allá de mi boca.
No tengo grises ni espasmos
ni revés.
No tengo cielos que miren
más allá de mi sombra.
Ignoran ríos salados
y mares dulces
y bosques secos
y arenas rojas.
Soy ahora el agua que corre
y también las piedras
y el canto de la amante cristalina.
Soy ahora hojas de árbol,
risa de niño,
ojos de anciano.
Y que acusen la mentira
aquellos que digan
que no se puede vivir con tanto.
Porque así vivo.
Despertar...
Despertar como si el cuerpo siguiera dormido, o flotando, o
envuelto en el placer de las noches que se duermen permaneciendo.
sábado, 20 de julio de 2013
Enredaderas II
II
Lo que lo
destacaba era su forma de esparcirse, de situarse más allá de mi ombligo, de
pararse firme sobre mi hombro y dejar el aire en suspenso mientras bajaba la
persiana, previendo la orquestación del pulmón del edificio. La luna llena casi
siempre rebotaba en mis ojos de agua, penetrando los suyos de carbón. Podía ser
un Dios, el sol, un camino, un recuerdo, un mediodía de verano, un ave al
vuelvo. Podía ser por igual una cascada o un manto de fuego.
Cuando menos hacer el amor siempre era ganar años de vida. Cuando más, mezclarnos tanto que al volver volvíamos al mismo cuerpo.
Cuando menos hacer el amor siempre era ganar años de vida. Cuando más, mezclarnos tanto que al volver volvíamos al mismo cuerpo.
jueves, 18 de julio de 2013
Enredaderas I
I
Nos gustaba
dormir abrazados. Desde las profundidades del campo mojado de las noches de
invierno los sueños no pueden remontar, salvo por las enredaderas de piernas y
brazos que dos cuerpos dormidos tejen en un macramé de encuentros y ausencias;
se escabullía una conciencia entre las arboledas del sueño y al minuto
siguiente te movías de modo tal que yo me sobresaltaba, abría los ojos y te veía, entonces volvía,
intercambiábamos posiciones, girabas de espalda a mí y yo te abrazaba, en una
danza silenciosa.
martes, 21 de mayo de 2013
La mañana
La mañana me descubre sin haber dormido, apenas cerrar los ojos y mantenerme en vigilia detrás de los párpados cerrados.
viernes, 17 de mayo de 2013
Último
Lo último fue ira,
fue la furia en los ojos
y la huida.
Fue desquicio,
desconfianza,
fue venganza y rutina.
Lo último fue la ruina,
igual que el polvo en el aire,
que las cuadras sin esquinas.
Lo último fue mezquina
vaguedad descorazonada
que nos hizo frágiles e inertes.
Lo último fue estarnos ausentes
con las pocas muertes que nos quedaban.
fue la furia en los ojos
y la huida.
Fue desquicio,
desconfianza,
fue venganza y rutina.
Lo último fue la ruina,
igual que el polvo en el aire,
que las cuadras sin esquinas.
Lo último fue mezquina
vaguedad descorazonada
que nos hizo frágiles e inertes.
Lo último fue estarnos ausentes
con las pocas muertes que nos quedaban.
sábado, 13 de abril de 2013
Inimputable
El pasto
que cruje y se deja
aplastar y aunque me
recuesto no me hace
cosquillas, me aguanta y me deja
un verde limpio para
descansar y me
perdona la ofensa.
Inimputable…
El cielo blanco, la lluvia
tersa, el viento
manso.
Inimputable
la calle que se deja caminar, insultada y
maltratada.
Inimputables
las estrellas que brillan
igual.
Inimputable
el sueño que me abraza cada noche.
Todos
esperan por mí. Yo temo por
todos y no espero
por nadie. Indiferente
a la enfermedad
como a sus
medicinas. A veces
pienso que siquiera, si tratara
de convencerme un poco, el opio y
el fernet no serían tan amargos. Pese a todo he comenzado a conocer esta ciudad, la he
caminado como se camina sobre el fuego: descalza
pero sin miedo, de lo
contrario el fuego quema. Soy testigo
y no culpable pero
partícipe, y la
responsabilidad no es un peso, es poder.
Aparenta ser, tal vez, más larga la calle cuando se nos parece, con sus declives y miserias. Hace poco caminábamos por Corrientes, sin caminar. Ahora mayo se sirve la cena sin que abril haya terminado de irse y el tiempo también se nos parece, contrariado.
Aparenta ser, tal vez, más larga la calle cuando se nos parece, con sus declives y miserias. Hace poco caminábamos por Corrientes, sin caminar. Ahora mayo se sirve la cena sin que abril haya terminado de irse y el tiempo también se nos parece, contrariado.
Y me
reconozco en el pasto, en el
cielo, en las estrellas, en el
almohadón amarillo, en el sueño
de ser gigantes. Me cobijan
y me mandan al frente y yo me veo
en ellos como espejo y cuando la
tarde no cae y son las seis pienso:
¿qué habré hecho yo? Me hago
cargo del atardecer, del que cae
y del que no, no por jefe
del ocaso, por
hermano, por testigo, porque
vamos a la par, porque la
noche nos encuentra igual; empañados y
sometidos.
Pero al
menos no soy inimputable. Al menos ya
no soy indiferente.
jueves, 14 de febrero de 2013
Casualidades
Empiezan las casualidades en las que uno abre un libro y cae una foto Polaroid que sabe exactamente por qué la angustia pesa en el pecho y no se va en la ducha matutina con la transpiración, la mugre y la ausencia que procrean a diario y el cuerpo entero también pesa. Y la voz insiste “es creer para ver y no al revés” pero hay un eco detrás de la última sílaba, entonces dobla a la esquina, se sienta en el cordón y conversa con el diariero a ver si pasa el tiempo, a ver si son estos minutos sordos los que la ignoran pero llega a salvarse la próxima hora y ve la foto polaroid caer del libro y entiende por qué la angustia pesa en el pecho y escucha, o acaso recuerda, que es creer para ver y no al revés.
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