lunes, 31 de diciembre de 2012

Canción de cuna


Los ojos se le sacuden para todos lados como si jugara a la escondida la pesadilla con ellos y corrieran todos por llegar primero a la pared y salvarse. En la antesala del sueño sus ojos corren y los labios entreabiertos cuentan en silencio, susurran cosas que apenas llego a oír, y asumo que deben ser números porque eso tendría sentido, tendría sentido que en sus sueños jugara a la escondida y contara en cuenta regresiva a ver si al llegar a cero, ya es de día y ha acabado la pesadilla. Sería de día y sería un bello día, el cielo despejado, los pies húmedos a orillas del delta, balanceándose mientras un beso sorprende su cuello y sonríe, por alegría o por cosquillas.

Probablemente correría con más ganas de verme velar por ella, de oírme cantarle en voz baja y desearle dulces sueños. Tal vez ella cantaría también mientras corre, tal vez podría yo sugerirle un escondite.

Pero el juego parece no ceder a sus sueños, los ojos siguen agitados y transpira. La destapo un poco, acaricio su frente y lamento no poder ayudarla. Allá en el sueño (o en su antesala) está sola. Yo la miro, sentada al borde de la cama y tomo su mano. Haría lo que sea por cruzar al otro lado pero no puedo. El mundo de los sueños es un mundo individual.

Estoy segura de que justo en ese momento, mientras yo pensaba un buen lugar, el juego se detuvo, porque hizo un ruido similar a un bufido, como si se quejara porque algo la interrumpió. Ella iba con su vestido rojo a cuadros y se detuvo en seco, miró para atrás y vio que yo había dejado de correr, y aunque me imaginaba parece que mi cansancio alteró su fantasía. 

En el juego sueña que sueña y que se sabe dormida, entonces está a salvo aunque desprotegida, aunque muerta de miedo y no muerta porque sabe que de ser así no estaría soñando. Sabe que sólo dejará de dormir cuando muera, que morir es la única chance de mantenerse despierta y alerta. Mientras corre y se escabulle en un vagón de tren intentando escapar, presiente que se aproxima el momento de su muerte. Cuando se despierta es ese, ese vagón que viaja al sur, el último recuerdo que tiene, la última secuencia del sueño que recuerda, entonces sabe que murió en ese vagón, que antes que pudieran cerrar las puertas el hombre que la perseguía para matarla consiguió entrar. Y se ve que lo hizo porque ella ahora está despierta y dolorida y triste, pero aliviada. 



sábado, 21 de julio de 2012

La barca humana


"(...) Adentro no cabe adentro, 
no son mis ojos 
lo que pueden mirarme a los ojos
son siempre los labios de otro
los que anuncian mi nombre". Hugo Mujica

Solidaridad. ('La barca humana')
George Minne


Uno cree tantas cosas...

A veces uno cree que se dispone a un llanto de semanas, que se entrega a una angustia insostenible, que se presta a una melancolía eterna, a narices paspadas, a un dolor de pecho que con poco se compara. A veces uno cree, seria y racionalmente, que ese llanto con nada puede detenerse, que no hay manera, que llorará días completos y semanas y cuando lleguen los meses se dará cuenta de que aún no ha dejado de llorar.
Pero el llanto también se cansa, como el corazón de su melancolía, como los pensamientos de autocompadecerse, como el sol se cansa de alumbrar campos quemados y vacas que no dan leche.


lunes, 25 de junio de 2012

Rayuela

"Abrazado a la Maga, esa concreción de nebulosa, pienso que tanto sentido tiene hacer un muñequito con miga de pan como escribir la novela que nunca escribiré o defender con la vida las ideas que redimen a los pueblos. El péndulo cumple su vaivén instantáneo y otra vez me inserto en las categorías tranquilizadoras: muñequito insignificante, novela trascendente, muerte heroica. Los pongo en fila, de menor a mayor: muñequito, novela, heroísmo. Pienso en las jerarquías de valores tan bien exploradas por Ortega, por Scheler: lo estético, lo ético, lo religioso. Lo religioso, lo estético, lo ético. Lo ético, lo religioso, lo estético. El muñequito, la novela. La muerte, el muñequito. La lengua de la Maga me hace cosquillas. Rocamadour, la ética, el muñequito, la Maga. La lengua, la cosquilla, la ética".

(Rayuela. J. Cortazar)

viernes, 15 de junio de 2012

Una mañana de junio

Te amo mañana gris, de mate tibio y ventanas abiertas. Te amo mañana húmeda, lluviosa y templada. Te amo mañana silenciosa y solitaria. Te amo mañana entre poemas. Te amo mañana tanto que sólo quisiera reposar en esta banqueta de la cocina, a mirarte por encima de la ropa tendida que chorrea, a contemplarte, a admirarte, tan hermosa y tan serena.


jueves, 14 de junio de 2012

Las ciudades desde los aviones

Madrid - Buenos Aires
 Las ciudades desde los aviones no tienen pulso, son maquetas, juegos de niños, paseos de trenes, de cónsules, de iglesias. Las ciudades desde los aviones no tienen nombre, no son más que un montón de alfileres de cabeza redonda, y brillantes en reventa, armando figuras geométricas o excepciones geométricas o simples adornos, caprichos que entorpecen la sierra y el río. Las ciudades desde los aviones no tienen magia alguna, no tienen empedrados, ni cervezas por un euro en las esquinas. Las ciudades desde los aviones no tienen balcones ni terrazas, menos aún tender con bombachas y una rosa blanca colgada de cabeza, secándose al sol. Las ciudades desde los aviones no tienen Biblioketas, ni Poncelet, ni Dos de Mayo, ni Libertad 8, ni galletas de avena. Las ciudades desde los aviones no te hamacan en el parque, no cocinan arroz tailandés, ni buscan nombres de pájaros en las enciclopedias. Las ciudades desde los aviones no patean las calles hasta las seis de la mañana charlando del amor y los gajes del oficio de vivir;
-Un amigo me decía que hay dos tipos de personas: los que sienten culpa y los que sienten miedo.
Creo que difiero, aunque eso no importa, porque ya sabés Fernando yo siento las dos. A menudo. Pero, por momentos… Por momentos sé jugar a la escondida, sé tragar sin masticar, sé racionar el aliento. Por momentos la totalidad en la superficie se borra; las franjas amarillas, las señales de tránsito y nada existe excepto todo, todo en la nada, todo tan vacío que da lleno, todo puro, todo simple, todo poco. La mochila perdida, la casa incendiada, y tenerlo todo. Pero el aire… El aire distrae, disuelve, esfuma. El aire traslada, cambia de rumbo, pone los pelos al viento y monta un espectáculo de molinos y gigantes que se ve lindo, pero…
Las ciudades desde los aviones no tienen jazz ni violines, ni compositores ni dedos largos, ni andaluces, ni cuartos pisos por escalera, ni aroma, ni sabores, ni gatos, ni flores amarillas, ni latas de colección y manteles bordados, ni desayunos. Las ciudades desde los aviones no son más que tigres enjaulados, que flamencos sin lago, que faisanes sin cola, que pájaros sin canto. Las ciudades desde los aviones son poetas analfabetas, son pianistas sin manos, son recetas. Las ciudades desde los aviones no tienen olfato, ni tacto ni gusto… No tienen sentido. No tienen confrontación, no tienen crisis, no tienen disgustos; no se remueve el suelo, no emerge el tesoro en la tierra.
Las ciudades desde los aviones no tienen obras de arte, ni Picasso, ni revolución. No tienen ferias, ni artesanías ni mermeladas de tomate. No tienen verano o invierno. Ni hablar de primavera. Son como laberintos sin repeticiones, como bosques sin claros, como fruta amarga. Como amaneceres sin ventanas, como horizontes sin atardecer.
Corre un nene y pregunta: señor ¿ha visto mi balón? Y un adulto sigue caminando sin notarlo. Las ciudades desde los aviones son eso: eco de voces. Son chatas, perpendiculares y necias. 
¡Eso son! Como himnos sin convicciones, como banderas sin unidad, como campos sin trigo, como la gente que se muere de hambre. Igual de triste, igual de injusto; la vista panorámica no te hace justicia porque desde los aviones no sos más que puntillismo y un cuadro inacabado. No tenés desgaste, ni fricción, no tenés desvelo. 
Las ciudades desde los aviones no tienen entrecejo, no les duele la frente de pensar, no extrañan, no se inquietan, no alardean, no exigen, no se impacientan, no llaman, no tienen teléfonos públicos. ¡No te tienen! No te tiene... Creciendo en su seno. No te tiene perdida, desorientada en la Gran Vía, no te tiene enrulada y de rojo, no te tiene preguntando paralelas, no te tiene comprando golosinas ni recitando canciones de otros. No te tiene ni aún vencida, no te tiene buscando, no te tiene virgen y esponja, no te tiene.
Las ciudades desde los aviones son como veranos sin gotas, como rocas bébedas sin musgo, como mares sin algas, como cuencos estériles, como diapasones afónicos, como gargantas secas.
Las ciudades desde los aviones no tienen recorrido, no tienen regreso a casa, no tienen pasiones, no tienen desventajas. Las ciudades desde los aviones son tristes, casi peor que un payaso sin sonrisa porque eso desde el principio es una farsa. Las ciudades desde los aviones no tienen improvisos. Las ciudades desde los aviones no tienen Malasaña.


viernes, 17 de febrero de 2012

Free Play

‎"Si somos transparentes y no tenemos nada que ocultar, la distancia entre el lenguaje y el Ser desaparece. Luego la musa puede hablar". 


Free Play. Stephan Nachmanovitch

miércoles, 15 de febrero de 2012

Reversión


Todo está bien…
El tiempo detenido,
el árbol inmóvil
y esta caminata que ando
reflexiva y cabizbaja.
Están bien estos días que amanecen temprano,
esta brisa de mar un poco fresca,
el sol que transgrede la cortina y me despierta,
la cama en la que duermo sola.
Todo está bien…
Los planes diarios, el ir y venir, el trabajo,
el salvamento económico, la playa,
la película que vi por televisión,
la casa limpia en mi necesidad de mantenerme ocupada.
Todo está bien pero no te tiene.
La rueda a mi alrededor sigue girando
en la rutinaria armonía del caos,
y yo la miro, aunque indiferente,
como eslabón perdido
en esta transición de vida.
Mientras en su monotonía
la cosa anda, circula, funciona,
yo cada vez me ausento más
y extrañándote pronto entiendo
que no estoy donde no estás.

miércoles, 1 de febrero de 2012

A pocos pasos de una nueva novela...

Si le resulta familiar, convendremos asimilar la inminente realidad de que no somos más que repetición nosotros dos, yo que escribo, usted que lee, yo que escribo y leo y reescribo, usted que anota en los márgenes de esta hoja sus pensamientos o los míos o ambos o el mismo.




"Enseñan las reglas de la gramática, pero no enseñan qué decir" S.N. Free Play.