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martes, 31 de octubre de 2017

Me gusta sentir

Lo que te puedo decir es que me gusta sentir el verano de despertar por la noche y escuchar una música que me revitaliza al punto de sentirme exactamente en todo lo que quiero y con vos, aunque esté sola en la cocina preparando la cena, lo sé, pero de alguna manera ahora mismo también estoy en tanto lados, y tenés que ver con eso, no sé cómo. Supongo que recordar esa simpleza, casi ignorancia con la que te amo, me conecta con la esperanza de todas las cosas. 

Cee ~


martes, 16 de diciembre de 2014

Mirador


Por momentos son peces que juegan a morderle la panza a las olas. Pronto se convierten en caballos de mar que galopan casi sin bañarse en la espuma… Podría decir que vuelan...
Ellos no saben que los observo; yo me paro al borde del mirador y pongo mi moneda. A la distancia ellos, libres de mis ojos, dejan de ser barcos.

Ph: Andre Pichel. Iluminación: Nicolás Foong

lunes, 14 de julio de 2014

Vestidos

Vestidas las manos, la sed, las ganas hondas de encontrarte. Vestidas de invierno, como un Ecuador que fuera envejeciendo. Frías e inmóviles. Vestidas. Tanta ropa es un silencio que ahoga las palabras que transpiro, es un consejo de quedarse ciego y sordo y, peor, dormido. Vestidos los ojos, el cuello y los latidos. Vestidos de tierra, de pudor, del alivio del no alivio. Vestidos de demora y prejuicio. Vestidos de falta. Vestidos de nada. Casi desnudos.

martes, 29 de abril de 2014

El globo y la rama

Soplo y el globo sube un poco. Crece cuando se aleja, exactamente al contrario de lo que debería suceder; parecerme más chiquito cuando lucha en completa desventaja con las corrientes de aire que lo cambian de amarillo a azul, a un rosa como tornasolado.

El globo sigue subiendo, yo soplo un poco más y se desestabiliza, pero tal es la conexión que si aspiro se calma, vuela suave un poco, descansa.

La rama más alta de un árbol parece mirarlo con desconfianza, presto el doble de atención. Por miedo, solo por miedo, podría afilar sus puntas y sacar una garra de madera insospechada que el globo no pudiera anticipar y esquivar oportunamente.

La rama y el globo están cada vez más cerca, yo desde abajo miro y me duele el cuello pero no dejo de mirar y soplo con fuerza hacia la dirección opuesta, de espalda al árbol. El globo tambalea y duda, vuelve un poco, pero cuando mi soplo de aire termina el ciclo donde naturalmente debo comenzar a inspirar de nuevo, el globo vuelve a acercarse a la rama.

Entonces tengo miedo y comienzo a llorar, y mientras lloro me olvido de soplar, y el globo se acerca a la rama y ¡PUM!

jueves, 6 de marzo de 2014

Diálogo de posguerra

-Dormíamos menos Faisán, ¿no?
-¿Cuándo?
-Antes.
-¿Menos que cuándo?
-Que ahora.
-Dormíamos igual pero descansábamos poco.
-Por el ruido de las bombas.
-Yo creería que por los silencios.
-El silencio era la bomba.
-El silencio era un misterio.
-¿Vos todavía las escuchás?
-Sí, pero ahora sé que son fantasmas.
-¿Y los fantasmas te dejan dormir?
-A veces.
-¿Entonces?
-Tal vez ya no dormimos.
-¿Será la costumbre?
-Será.

viernes, 3 de enero de 2014

¿Qué opina de nosotros el después?

No. Yo tampoco quiero un reloj, ni un jardín de cerezos en invierno. A vos te gusta esa forma de estar en la que nadie se asegura un café más.

Cada encuentro nuestro es como un pequeño paraíso en la terraza, una espesa burbuja de verano. A menudo nos refugiamos entre universos verdes y acaso si el silencio nos propone, nos besamos enteros y despojados, cual una despedida. Si el amor nos ampara, hay un reencuentro. Más tarde, probablemente en tu cama.

Pero después del encuentro no hay nada, es una pausa, andamos como nómadas recolectando distancias. Quedan los sentidos apolillados como sábanas viejas, las manos secas, el cuerpo dormido. De noche tus mares se transforman en ríos y tus peces se convierten en rocas.




sábado, 13 de abril de 2013

Inimputable

El pasto que cruje y se deja aplastar y aunque me recuesto no me hace cosquillas, me aguanta y me deja un verde limpio para descansar y me perdona la ofensa.
Inimputable… El cielo blanco, la lluvia tersa, el viento manso.
Inimputable la calle que se deja caminar, insultada y maltratada.
Inimputables las estrellas que brillan igual.
Inimputable el sueño que me abraza cada noche.
Todos esperan por mí. Yo temo por todos y no espero por nadie. Indiferente a la enfermedad
como a sus medicinas. A veces pienso que siquiera, si tratara de convencerme un poco, el opio y el fernet no serían tan amargos. Pese a todo he comenzado a conocer esta ciudad, la he caminado como se camina sobre el fuego: descalza pero sin miedo, de lo contrario el fuego quema. Soy testigo y no culpable pero partícipe, y la responsabilidad no es un peso, es poder.
Aparenta ser,  tal vez, más larga la calle cuando se nos parece, con sus declives y miserias. Hace poco caminábamos por Corrientes, sin caminar. Ahora mayo se sirve la cena sin que abril haya terminado de irse y el tiempo también se nos parece, contrariado.
Y me reconozco en el pasto, en el cielo, en las estrellas, en el almohadón amarillo, en el sueño de ser gigantes. Me cobijan y me mandan al frente y yo me veo en ellos como espejo y cuando la tarde no cae y son las seis pienso: ¿qué habré hecho yo? Me hago cargo del atardecer, del que cae y del que no, no por jefe del ocaso, por hermano, por testigo, porque vamos a la par, porque la noche nos encuentra igual; empañados y sometidos.

Pero al menos no soy inimputable. Al menos ya no soy indiferente.

jueves, 14 de febrero de 2013

Casualidades

Empiezan las casualidades en las que uno abre un libro y cae una foto Polaroid que sabe exactamente por qué la angustia pesa en el pecho y no se va en la ducha matutina con la transpiración, la mugre y la ausencia que procrean a diario y el cuerpo entero también pesa. Y la voz insiste “es creer para ver y no al revés” pero hay un eco detrás de la última sílaba, entonces dobla a la esquina, se sienta en el cordón y conversa con el diariero a ver si pasa el tiempo, a ver si son estos minutos sordos los que la ignoran pero llega a salvarse la próxima hora y ve la foto polaroid caer del libro y entiende por qué la angustia pesa en el pecho y escucha, o acaso recuerda, que es creer para ver y no al revés.



martes, 6 de diciembre de 2011

Faltan amaneceres

El contraste entre el amor y la ausencia


Miro el cielo buscando algo más que nubes y ceniza pero no tiene nada para ofrecerme. El pronóstico declara una mentira a las 5.38 de este día, yo sé que no fue así porque anoche no pude dormir y, a esa hora, tomando mate sentada en la escalera, nada fue de otra manera, nada especial del minuto treinta y siete al treinta y nueve, ambos igual sólo la aguja situada un poco más a la izquierda y el mate un poco más verde. Ni tu sol ni tu sombra ni rastro de nada y, aunque comencé mis actividades, la jornada parecía una larga noche de insomnio.
La verdad es que faltan amaneceres. Si te los llevaste o te pertenecen, no lo sé, el caso es que no están. Sin embargo, estoy contenta… No se trata tanto de la ausencia, es sólo que todo parece lo mismo. Bueno, tal vez no estoy tan contenta. Lo estoy pero no lo estoy, algo así, estoy a medias como el cielo, despejado pero sin sol. 



sábado, 3 de diciembre de 2011

Foto dentro de una foto

Lo que me entusiasma del viñedo es el camino que me invita a recorrer.


Bob Dylan tocando Peggy Day con su guitarra, dudosamente sentado en el borde de la fuente de agua, cerca de las hamacas y los juegos. El sonido del mar atravesando el campo sin disturbios desde esa enorme playa detrás de la hilera de árboles altos y un dulce perfume como del Taj Sunset que me envuelva. Una rica fondue de queso dispuesta en una pequeña mesita de madera en la galería de la cabaña que luce los faroles coloniales que tanto me gustan. Una tibia brisa y el cielo como la paleta de un pintor.  Pasto y tierra húmeda bajo los pies descalzos y un atardecer que demore su partida. Reír del tiempo que es hoja quemada, en el viñedo no hay prisa de nada.
Una montaña asomándose a lo lejos, entrecerrados los ojos del sol... En una de esas, cuando caiga la noche nos despierten los estruendos de fuegos artificiales rompiendo la oscuridad, y la fresca del campo anochecido nos encuentre recostados en el suelo, desnudos y sin frío.  




"Enseñan las reglas de la gramática, pero no enseñan qué decir" S.N. Free Play.