Y no puedo entregarte mi debilidad,
aunque así lo quisiera.
Creía que la mirada de muchos
podía despejar en la tiniebla las sombras.
Creía que los oídos de muchos
podían extirparle al silencio sus fantasmas.
Se gastan los sonidos que raspa el viento
así como las piedras que envuelve el agua.
Las únicas palabras inmortales
son las que no se dicen.
Creía que una sola leña echada al fuego
podía servir para alumbrarnos a todos.
Uno que levantara su mano.
Uno que expusiera su verdad.
Uno que dijera: acá estoy yo,
soy esto.
He tenido que guardar mis tristezas,
disfrazar mis inseguridades,
ocultar mis miedos.
He tenido que salvar una parte
solo para mí.
Aún cuando todavía creería que una palabra
arriesgada y honesta
puede burlar el silencio del mundo,
no puedo entregarte mi debilidad
porque no sé qué harías conmigo.