Soplo y el globo sube un poco. Crece cuando se aleja,
exactamente al contrario de lo que debería suceder; parecerme más chiquito
cuando lucha en completa desventaja con las corrientes de aire que lo cambian
de amarillo a azul, a un rosa como tornasolado.
El globo sigue subiendo, yo soplo un poco más y se
desestabiliza, pero tal es la conexión que si aspiro se calma, vuela suave un
poco, descansa.
La rama más alta de un árbol parece mirarlo con
desconfianza, presto el doble de atención. Por miedo, solo por miedo, podría
afilar sus puntas y sacar una garra de madera insospechada que el globo no
pudiera anticipar y esquivar oportunamente.
La rama y el globo están cada vez más cerca, yo desde abajo
miro y me duele el cuello pero no dejo de mirar y soplo con fuerza hacia la dirección opuesta, de espalda al árbol. El globo tambalea y duda, vuelve un poco, pero cuando mi soplo
de aire termina el ciclo donde naturalmente debo comenzar a inspirar de nuevo,
el globo vuelve a acercarse a la rama.
Entonces tengo miedo y comienzo a llorar, y mientras lloro me olvido de soplar, y el globo se acerca a la rama y ¡PUM!
Entonces tengo miedo y comienzo a llorar, y mientras lloro me olvido de soplar, y el globo se acerca a la rama y ¡PUM!