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jueves, 15 de agosto de 2013

Colorado el 37

A veces doy vuelta a las esquinas y vuelvo al mismo callejón que dejé atrás en una corrida, tenía siete años y jugar a las escondidas me daba miedo. Mis escondites eran siempre muy ingeniosos y eso era lo que me asustaba; temía que tardaran tanto en encontrarme que antes de eso desistieran de buscar y más aún me aterraba cuánto el mundo pudiera cambiar en el tiempo que yo demorara en salir de mi escondite. Poco tiempo después dejé de jugar. Hay calles que todavía saben a eso.
Cada tanto se aparecen los fantasmas para recordarnos que somos libres de asustarnos.
Hoy te temo por tantos lados que no importa qué camino tomara para recorrerte, lo andaría dudando. Aún si volviera buscándote con ganas nuevas, algún pasado me pesaría en los abrazos y algún beso me daría miedo a labios viejos. Que tanto tiempo y poco pasó, que no pude borrarlo: cada muerte que esperaba renacer de la ceniza, y vivir cremada en una tristeza casi más grande que mi valor de recobrar la vida debajo de todo ese polvo de hartazgo. No saber ya qué sacarme para darte todo e igual no tenerte ni tenerme, que era peor. Aún si volviera, ¿cómo arrastraría mi fe conmigo? Que ya ni ellas me siguen, de un tiempo hasta ahora han llamado por su libre albedrío: mi fe, mi libertad, incluso mi instinto de supervivencia. Todos han tomado su propio camino, a veces hasta deciden por mí y se me imponen con aires modernos y altivos. ¿Cómo podría yo persuadirlos sin convicción?
Al menos ahora las noches caen antes de que salga el sol y puedo dormir, aunque todavía despierte, mire el reloj y sean las cinco y trate de sedarme imaginando recorrer Latinoamérica con un pañuelo en la cabeza y un auto usado. Trazo recorridos en un mapa mental, seguro mal dibujado, y cuando llego a algún paisaje caliente y de arena clara, vuelvo a dormir.
Al menos ahora, aunque sin certezas, pruebo bocado y me levanto a la mañana siendo algo más que una prolongación del sueño, que un corte transversal en plena vigilia. Al menos ahora vuelvo a tocar las cosas que me pertenecen sin que me ardan las llamas de los dedos y puedo acercarme a la gente sin imponer en sus rostros tu cara. Al menos ahora, Silvio, puedo volver a escucharte.

sábado, 20 de julio de 2013

Enredaderas II

II

Lo que lo destacaba era su forma de esparcirse, de situarse más allá de mi ombligo, de pararse firme sobre mi hombro y dejar el aire en suspenso mientras bajaba la persiana, previendo la orquestación del pulmón del edificio. La luna llena casi siempre rebotaba en mis ojos de agua, penetrando los suyos de carbón. Podía ser un Dios, el sol, un camino, un recuerdo, un mediodía de verano, un ave al vuelvo. Podía ser por igual una cascada o un manto de fuego. 

Cuando menos hacer el amor siempre era ganar años de vida. Cuando más, mezclarnos tanto que al volver volvíamos al mismo cuerpo. 

jueves, 18 de julio de 2013

Enredaderas I

I


Nos gustaba dormir abrazados. Desde las profundidades del campo mojado de las noches de invierno los sueños no pueden remontar, salvo por las enredaderas de piernas y brazos que dos cuerpos dormidos tejen en un macramé de encuentros y ausencias; se escabullía una conciencia entre las arboledas del sueño y al minuto siguiente te movías de modo tal que yo me sobresaltaba, abría los ojos y te veía, entonces volvía, intercambiábamos posiciones, girabas de espalda a mí y yo te abrazaba, en una danza silenciosa.  

miércoles, 1 de febrero de 2012

A pocos pasos de una nueva novela...

Si le resulta familiar, convendremos asimilar la inminente realidad de que no somos más que repetición nosotros dos, yo que escribo, usted que lee, yo que escribo y leo y reescribo, usted que anota en los márgenes de esta hoja sus pensamientos o los míos o ambos o el mismo.




"Enseñan las reglas de la gramática, pero no enseñan qué decir" S.N. Free Play.