jueves, 18 de julio de 2013

Enredaderas I

I


Nos gustaba dormir abrazados. Desde las profundidades del campo mojado de las noches de invierno los sueños no pueden remontar, salvo por las enredaderas de piernas y brazos que dos cuerpos dormidos tejen en un macramé de encuentros y ausencias; se escabullía una conciencia entre las arboledas del sueño y al minuto siguiente te movías de modo tal que yo me sobresaltaba, abría los ojos y te veía, entonces volvía, intercambiábamos posiciones, girabas de espalda a mí y yo te abrazaba, en una danza silenciosa.  

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