sábado, 20 de julio de 2013

Enredaderas II

II

Lo que lo destacaba era su forma de esparcirse, de situarse más allá de mi ombligo, de pararse firme sobre mi hombro y dejar el aire en suspenso mientras bajaba la persiana, previendo la orquestación del pulmón del edificio. La luna llena casi siempre rebotaba en mis ojos de agua, penetrando los suyos de carbón. Podía ser un Dios, el sol, un camino, un recuerdo, un mediodía de verano, un ave al vuelvo. Podía ser por igual una cascada o un manto de fuego. 

Cuando menos hacer el amor siempre era ganar años de vida. Cuando más, mezclarnos tanto que al volver volvíamos al mismo cuerpo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

"Enseñan las reglas de la gramática, pero no enseñan qué decir" S.N. Free Play.