No tengo nubes
que pretendan quitarme
ni arcoiris ni tormentas,
ni que hablen más allá de mi boca.
No tengo grises ni espasmos
ni revés.
No tengo cielos que miren
más allá de mi sombra.
Ignoran ríos salados
y mares dulces
y bosques secos
y arenas rojas.
Soy ahora el agua que corre
y también las piedras
y el canto de la amante cristalina.
Soy ahora hojas de árbol,
risa de niño,
ojos de anciano.
Y que acusen la mentira
aquellos que digan
que no se puede vivir con tanto.
Porque así vivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario