martes, 27 de agosto de 2013

Déjamelo todo a mí

Nunca busques mis vicios, 
mis libertades, 
mis ofrendas. 
Nunca te enfrentes a mis dudas, 
a mis miedos, 
a mis deudas. 
Nunca liberes mis prejuicios, 
mis encierros, 
ni los venzas. 
Nunca me quites mis dolores, 
mis errores, 
mis ofensas.

domingo, 25 de agosto de 2013

Volver

Agradecer que el cuervo voló alto y su pico curvo pendenciero fue alarma, y porque fue alarma fue rezo. Agradecer que el día nublado no dio ganas de salir. Agradecer que la congoja se quedó adentro, acampó en la habitación, recostada en la cama con el paño húmedo vedando los ojos y abriendo el resto de los sentidos. Agradecer la transparencia, la invisibilidad de la pureza que obra de formas misteriosas, Dios no se ve y por eso es más grande. El universo es gigante.
Agradecer la familia, agradecer la casa, agradecer la vuelta. Agradecer los padres, agradecer la vida. Agradecer lo importante que siempre nos salva. Agradecer la frecuencia del latido. Agradecer la simbiosis de elementos.

-Estás como enajenada, ¿viste? Es como que se te va el alma del cuerpo, después quiere volver pero no encuentra lugar.

Ella había recibido un tiro hacía no más de tres semanas atrás, sabía mejor que yo de lo que hablábamos.

-Exactamente eso, eso es lo que siento-. Le respondí.
-Bueno, usá la risa, en serio te digo, reíte de esto, movete, poné música fuerte, buscá algo que te traiga de vuelta el alma al cuerpo.

Y yo fui muy obediente. Puse el disco de Gilberto y me puse a correr dando vueltas a la habitación escuchando fuerte Expresso 2222. Después me paré enfrente del espejo y comencé a hacerme morisquetas, igual que como se las haría a un niño. Me causó tanta gracia verme en esa sucesión de intentos por volver a mí, que volví. La risa me trajo de vuelta. 

Agradecer que el verano llegue también en la montaña. Agradecer que la fe procree consigo misma. Agradecer que uno baste para todos. Agradecer que estamos protegidos. Agradecer que el cielo sea grande. Agradecer que hemos sido bendecidos. Agradecer que el día sea largo. Agradecer que el sueño sea gratuito. Agradecer que hayas escuchado. Agradecer que hayas llegado a tiempo, que se hayan ido a tiempo, que estemos a tiempo.
Agradecer la Sierra Maestra. Agradecer que nos hablaran de la libertad. Agradecer que podamos abrazarnos entre muchos. Agradecer que el pan se parta. Agradecer que la experiencia se multiplique. Agradecer que tengamos descanso. Agradecer que la risa nos vuelva a la vida. Agradecer que la lluvia te moje.






jueves, 15 de agosto de 2013

Colorado el 37

A veces doy vuelta a las esquinas y vuelvo al mismo callejón que dejé atrás en una corrida, tenía siete años y jugar a las escondidas me daba miedo. Mis escondites eran siempre muy ingeniosos y eso era lo que me asustaba; temía que tardaran tanto en encontrarme que antes de eso desistieran de buscar y más aún me aterraba cuánto el mundo pudiera cambiar en el tiempo que yo demorara en salir de mi escondite. Poco tiempo después dejé de jugar. Hay calles que todavía saben a eso.
Cada tanto se aparecen los fantasmas para recordarnos que somos libres de asustarnos.
Hoy te temo por tantos lados que no importa qué camino tomara para recorrerte, lo andaría dudando. Aún si volviera buscándote con ganas nuevas, algún pasado me pesaría en los abrazos y algún beso me daría miedo a labios viejos. Que tanto tiempo y poco pasó, que no pude borrarlo: cada muerte que esperaba renacer de la ceniza, y vivir cremada en una tristeza casi más grande que mi valor de recobrar la vida debajo de todo ese polvo de hartazgo. No saber ya qué sacarme para darte todo e igual no tenerte ni tenerme, que era peor. Aún si volviera, ¿cómo arrastraría mi fe conmigo? Que ya ni ellas me siguen, de un tiempo hasta ahora han llamado por su libre albedrío: mi fe, mi libertad, incluso mi instinto de supervivencia. Todos han tomado su propio camino, a veces hasta deciden por mí y se me imponen con aires modernos y altivos. ¿Cómo podría yo persuadirlos sin convicción?
Al menos ahora las noches caen antes de que salga el sol y puedo dormir, aunque todavía despierte, mire el reloj y sean las cinco y trate de sedarme imaginando recorrer Latinoamérica con un pañuelo en la cabeza y un auto usado. Trazo recorridos en un mapa mental, seguro mal dibujado, y cuando llego a algún paisaje caliente y de arena clara, vuelvo a dormir.
Al menos ahora, aunque sin certezas, pruebo bocado y me levanto a la mañana siendo algo más que una prolongación del sueño, que un corte transversal en plena vigilia. Al menos ahora vuelvo a tocar las cosas que me pertenecen sin que me ardan las llamas de los dedos y puedo acercarme a la gente sin imponer en sus rostros tu cara. Al menos ahora, Silvio, puedo volver a escucharte.
"Enseñan las reglas de la gramática, pero no enseñan qué decir" S.N. Free Play.