sábado, 13 de abril de 2013

Inimputable

El pasto que cruje y se deja aplastar y aunque me recuesto no me hace cosquillas, me aguanta y me deja un verde limpio para descansar y me perdona la ofensa.
Inimputable… El cielo blanco, la lluvia tersa, el viento manso.
Inimputable la calle que se deja caminar, insultada y maltratada.
Inimputables las estrellas que brillan igual.
Inimputable el sueño que me abraza cada noche.
Todos esperan por mí. Yo temo por todos y no espero por nadie. Indiferente a la enfermedad
como a sus medicinas. A veces pienso que siquiera, si tratara de convencerme un poco, el opio y el fernet no serían tan amargos. Pese a todo he comenzado a conocer esta ciudad, la he caminado como se camina sobre el fuego: descalza pero sin miedo, de lo contrario el fuego quema. Soy testigo y no culpable pero partícipe, y la responsabilidad no es un peso, es poder.
Aparenta ser,  tal vez, más larga la calle cuando se nos parece, con sus declives y miserias. Hace poco caminábamos por Corrientes, sin caminar. Ahora mayo se sirve la cena sin que abril haya terminado de irse y el tiempo también se nos parece, contrariado.
Y me reconozco en el pasto, en el cielo, en las estrellas, en el almohadón amarillo, en el sueño de ser gigantes. Me cobijan y me mandan al frente y yo me veo en ellos como espejo y cuando la tarde no cae y son las seis pienso: ¿qué habré hecho yo? Me hago cargo del atardecer, del que cae y del que no, no por jefe del ocaso, por hermano, por testigo, porque vamos a la par, porque la noche nos encuentra igual; empañados y sometidos.

Pero al menos no soy inimputable. Al menos ya no soy indiferente.
"Enseñan las reglas de la gramática, pero no enseñan qué decir" S.N. Free Play.