Apenas se tocan
un pétalo borravino reposa su cabeza en el pecho de otro
y el tercero los recibe a ambos con sus manos abiertas y sus
brazos
ramificadas prolongaciones de la ternura.
Arquitectura perfecta de la flor que admiro.
Mis ojos observan hasta penetrar la estructura de la
ilusión.
Luego, la flor es lo único que persiste,
es lo único que queda.
No la tarde,
no mi nombre sentado en la acera,
no la espera,
no ninguna deformación del instante exacto
en el que la flor me integra a su belleza.
Livianas hojas amariverdes caen de los árboles en cámara
lenta.
Dibujan círculos, espirales infinitos.
Detrás de las hojas
el instante observa.
Nervaduras donde la vida fluye:
las líneas de las baldosas,
la sangre de las hojas,
mis venas.
La vida es la sangre que fluye en las venas del instante.
Tu sonrisa,
deliciosa
prolongación de la ternura,
es el instante de la flor.
Cee Íncola
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