Los ojos se le sacuden para todos
lados como si jugara a la escondida la pesadilla con ellos y corrieran todos
por llegar primero a la pared y salvarse. En la antesala del sueño sus ojos
corren y los labios entreabiertos cuentan en silencio, susurran cosas que
apenas llego a oír, y asumo que deben ser números porque eso tendría sentido,
tendría sentido que en sus sueños jugara a la escondida y contara en cuenta
regresiva a ver si al llegar a cero, ya es de día y ha acabado la pesadilla.
Sería de día y sería un bello día, el cielo despejado, los pies húmedos a
orillas del delta, balanceándose mientras un beso sorprende su cuello y sonríe,
por alegría o por cosquillas.
Probablemente correría con más ganas de verme velar
por ella, de oírme cantarle en voz baja y desearle dulces sueños. Tal vez ella
cantaría también mientras corre, tal vez podría yo sugerirle un escondite.
Pero el juego parece no ceder a sus
sueños, los ojos siguen agitados y transpira. La destapo un poco, acaricio su
frente y lamento no poder ayudarla. Allá en el sueño (o en su antesala) está
sola. Yo la miro, sentada al borde de la cama y tomo su mano. Haría lo que sea
por cruzar al otro lado pero no puedo. El mundo de los sueños es un mundo individual.
Estoy segura de que justo en ese momento, mientras
yo pensaba un buen lugar, el juego se detuvo, porque hizo un ruido similar a un
bufido, como si se quejara porque algo la interrumpió. Ella iba con su vestido
rojo a cuadros y se detuvo en seco, miró para atrás y vio que yo había dejado
de correr, y aunque me imaginaba parece que mi cansancio alteró su
fantasía.
En el juego sueña que sueña y que se
sabe dormida, entonces está a salvo aunque desprotegida, aunque muerta de miedo
y no muerta porque sabe que de ser así no estaría soñando. Sabe que sólo dejará
de dormir cuando muera, que morir es la única chance de mantenerse despierta y
alerta. Mientras corre y se escabulle en un vagón de tren intentando escapar,
presiente que se aproxima el momento de su muerte. Cuando se despierta es ese,
ese vagón que viaja al sur, el último recuerdo que tiene, la última secuencia
del sueño que recuerda, entonces sabe que murió en ese vagón, que antes que
pudieran cerrar las puertas el hombre que la perseguía para matarla consiguió
entrar. Y se ve que lo hizo porque ella ahora está despierta y dolorida y
triste, pero aliviada.
Llegue aca por escuchar tu musica, gracias a Lisandro Aristimuño y tener curiosidad. Me gusta mucho tu voz y ahora tus palabras. Personalmente este texto me hizo acordar al libro niebla, de unamuno.
ResponderEliminarMuchas gracias por dedicarle parte de tu tiempo a escucharme, a leerme y, por último, a escribirme este mensaje. ¡Suntuoso recuerdo te trajo el texto! Un abrazo.
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