Miré hacia arriba no sé si buscando despedirla o reencontrarnos, y quedé boquiabierta. Era un atardecer que... Mirá, te hubiese creído si me decías que su cuerpo se había derretido y desteñido el cielo de oro y flores. Había un rayo de nubes rosas como un brazo, y yo pensé: o me invita o me salva. Las dos son buenas.
Mi querida cuentista, otra vez lograste en mi la emoción por tu calidad expresiva y el poder de síntesis en tu micro.
ResponderEliminarUn abrazo y un te quiero para vos. RR.