Despertar como si el cuerpo siguiera dormido, o flotando, o
envuelto en el placer de las noches que se duermen permaneciendo.
miércoles, 24 de julio de 2013
sábado, 20 de julio de 2013
Enredaderas II
II
Lo que lo
destacaba era su forma de esparcirse, de situarse más allá de mi ombligo, de
pararse firme sobre mi hombro y dejar el aire en suspenso mientras bajaba la
persiana, previendo la orquestación del pulmón del edificio. La luna llena casi
siempre rebotaba en mis ojos de agua, penetrando los suyos de carbón. Podía ser
un Dios, el sol, un camino, un recuerdo, un mediodía de verano, un ave al
vuelvo. Podía ser por igual una cascada o un manto de fuego.
Cuando menos hacer el amor siempre era ganar años de vida. Cuando más, mezclarnos tanto que al volver volvíamos al mismo cuerpo.
Cuando menos hacer el amor siempre era ganar años de vida. Cuando más, mezclarnos tanto que al volver volvíamos al mismo cuerpo.
jueves, 18 de julio de 2013
Enredaderas I
I
Nos gustaba
dormir abrazados. Desde las profundidades del campo mojado de las noches de
invierno los sueños no pueden remontar, salvo por las enredaderas de piernas y
brazos que dos cuerpos dormidos tejen en un macramé de encuentros y ausencias;
se escabullía una conciencia entre las arboledas del sueño y al minuto
siguiente te movías de modo tal que yo me sobresaltaba, abría los ojos y te veía, entonces volvía,
intercambiábamos posiciones, girabas de espalda a mí y yo te abrazaba, en una
danza silenciosa.
martes, 21 de mayo de 2013
La mañana
La mañana me descubre sin haber dormido, apenas cerrar los ojos y mantenerme en vigilia detrás de los párpados cerrados.
viernes, 17 de mayo de 2013
Último
Lo último fue ira,
fue la furia en los ojos
y la huida.
Fue desquicio,
desconfianza,
fue venganza y rutina.
Lo último fue la ruina,
igual que el polvo en el aire,
que las cuadras sin esquinas.
Lo último fue mezquina
vaguedad descorazonada
que nos hizo frágiles e inertes.
Lo último fue estarnos ausentes
con las pocas muertes que nos quedaban.
fue la furia en los ojos
y la huida.
Fue desquicio,
desconfianza,
fue venganza y rutina.
Lo último fue la ruina,
igual que el polvo en el aire,
que las cuadras sin esquinas.
Lo último fue mezquina
vaguedad descorazonada
que nos hizo frágiles e inertes.
Lo último fue estarnos ausentes
con las pocas muertes que nos quedaban.
sábado, 13 de abril de 2013
Inimputable
El pasto
que cruje y se deja
aplastar y aunque me
recuesto no me hace
cosquillas, me aguanta y me deja
un verde limpio para
descansar y me
perdona la ofensa.
Inimputable…
El cielo blanco, la lluvia
tersa, el viento
manso.
Inimputable
la calle que se deja caminar, insultada y
maltratada.
Inimputables
las estrellas que brillan
igual.
Inimputable
el sueño que me abraza cada noche.
Todos
esperan por mí. Yo temo por
todos y no espero
por nadie. Indiferente
a la enfermedad
como a sus
medicinas. A veces
pienso que siquiera, si tratara
de convencerme un poco, el opio y
el fernet no serían tan amargos. Pese a todo he comenzado a conocer esta ciudad, la he
caminado como se camina sobre el fuego: descalza
pero sin miedo, de lo
contrario el fuego quema. Soy testigo
y no culpable pero
partícipe, y la
responsabilidad no es un peso, es poder.
Aparenta ser, tal vez, más larga la calle cuando se nos parece, con sus declives y miserias. Hace poco caminábamos por Corrientes, sin caminar. Ahora mayo se sirve la cena sin que abril haya terminado de irse y el tiempo también se nos parece, contrariado.
Aparenta ser, tal vez, más larga la calle cuando se nos parece, con sus declives y miserias. Hace poco caminábamos por Corrientes, sin caminar. Ahora mayo se sirve la cena sin que abril haya terminado de irse y el tiempo también se nos parece, contrariado.
Y me
reconozco en el pasto, en el
cielo, en las estrellas, en el
almohadón amarillo, en el sueño
de ser gigantes. Me cobijan
y me mandan al frente y yo me veo
en ellos como espejo y cuando la
tarde no cae y son las seis pienso:
¿qué habré hecho yo? Me hago
cargo del atardecer, del que cae
y del que no, no por jefe
del ocaso, por
hermano, por testigo, porque
vamos a la par, porque la
noche nos encuentra igual; empañados y
sometidos.
Pero al
menos no soy inimputable. Al menos ya
no soy indiferente.
jueves, 14 de febrero de 2013
Casualidades
Empiezan las casualidades en las que uno abre un libro y cae una foto Polaroid que sabe exactamente por qué la angustia pesa en el pecho y no se va en la ducha matutina con la transpiración, la mugre y la ausencia que procrean a diario y el cuerpo entero también pesa. Y la voz insiste “es creer para ver y no al revés” pero hay un eco detrás de la última sílaba, entonces dobla a la esquina, se sienta en el cordón y conversa con el diariero a ver si pasa el tiempo, a ver si son estos minutos sordos los que la ignoran pero llega a salvarse la próxima hora y ve la foto polaroid caer del libro y entiende por qué la angustia pesa en el pecho y escucha, o acaso recuerda, que es creer para ver y no al revés.
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"Enseñan las reglas de la gramática, pero no enseñan qué decir" S.N. Free Play.