martes, 21 de mayo de 2013
La mañana
La mañana me descubre sin haber dormido, apenas cerrar los ojos y mantenerme en vigilia detrás de los párpados cerrados.
viernes, 17 de mayo de 2013
Último
Lo último fue ira,
fue la furia en los ojos
y la huida.
Fue desquicio,
desconfianza,
fue venganza y rutina.
Lo último fue la ruina,
igual que el polvo en el aire,
que las cuadras sin esquinas.
Lo último fue mezquina
vaguedad descorazonada
que nos hizo frágiles e inertes.
Lo último fue estarnos ausentes
con las pocas muertes que nos quedaban.
fue la furia en los ojos
y la huida.
Fue desquicio,
desconfianza,
fue venganza y rutina.
Lo último fue la ruina,
igual que el polvo en el aire,
que las cuadras sin esquinas.
Lo último fue mezquina
vaguedad descorazonada
que nos hizo frágiles e inertes.
Lo último fue estarnos ausentes
con las pocas muertes que nos quedaban.
sábado, 13 de abril de 2013
Inimputable
El pasto
que cruje y se deja
aplastar y aunque me
recuesto no me hace
cosquillas, me aguanta y me deja
un verde limpio para
descansar y me
perdona la ofensa.
Inimputable…
El cielo blanco, la lluvia
tersa, el viento
manso.
Inimputable
la calle que se deja caminar, insultada y
maltratada.
Inimputables
las estrellas que brillan
igual.
Inimputable
el sueño que me abraza cada noche.
Todos
esperan por mí. Yo temo por
todos y no espero
por nadie. Indiferente
a la enfermedad
como a sus
medicinas. A veces
pienso que siquiera, si tratara
de convencerme un poco, el opio y
el fernet no serían tan amargos. Pese a todo he comenzado a conocer esta ciudad, la he
caminado como se camina sobre el fuego: descalza
pero sin miedo, de lo
contrario el fuego quema. Soy testigo
y no culpable pero
partícipe, y la
responsabilidad no es un peso, es poder.
Aparenta ser, tal vez, más larga la calle cuando se nos parece, con sus declives y miserias. Hace poco caminábamos por Corrientes, sin caminar. Ahora mayo se sirve la cena sin que abril haya terminado de irse y el tiempo también se nos parece, contrariado.
Aparenta ser, tal vez, más larga la calle cuando se nos parece, con sus declives y miserias. Hace poco caminábamos por Corrientes, sin caminar. Ahora mayo se sirve la cena sin que abril haya terminado de irse y el tiempo también se nos parece, contrariado.
Y me
reconozco en el pasto, en el
cielo, en las estrellas, en el
almohadón amarillo, en el sueño
de ser gigantes. Me cobijan
y me mandan al frente y yo me veo
en ellos como espejo y cuando la
tarde no cae y son las seis pienso:
¿qué habré hecho yo? Me hago
cargo del atardecer, del que cae
y del que no, no por jefe
del ocaso, por
hermano, por testigo, porque
vamos a la par, porque la
noche nos encuentra igual; empañados y
sometidos.
Pero al
menos no soy inimputable. Al menos ya
no soy indiferente.
jueves, 14 de febrero de 2013
Casualidades
Empiezan las casualidades en las que uno abre un libro y cae una foto Polaroid que sabe exactamente por qué la angustia pesa en el pecho y no se va en la ducha matutina con la transpiración, la mugre y la ausencia que procrean a diario y el cuerpo entero también pesa. Y la voz insiste “es creer para ver y no al revés” pero hay un eco detrás de la última sílaba, entonces dobla a la esquina, se sienta en el cordón y conversa con el diariero a ver si pasa el tiempo, a ver si son estos minutos sordos los que la ignoran pero llega a salvarse la próxima hora y ve la foto polaroid caer del libro y entiende por qué la angustia pesa en el pecho y escucha, o acaso recuerda, que es creer para ver y no al revés.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Canción de cuna
Los ojos se le sacuden para todos
lados como si jugara a la escondida la pesadilla con ellos y corrieran todos
por llegar primero a la pared y salvarse. En la antesala del sueño sus ojos
corren y los labios entreabiertos cuentan en silencio, susurran cosas que
apenas llego a oír, y asumo que deben ser números porque eso tendría sentido,
tendría sentido que en sus sueños jugara a la escondida y contara en cuenta
regresiva a ver si al llegar a cero, ya es de día y ha acabado la pesadilla.
Sería de día y sería un bello día, el cielo despejado, los pies húmedos a
orillas del delta, balanceándose mientras un beso sorprende su cuello y sonríe,
por alegría o por cosquillas.
Probablemente correría con más ganas de verme velar
por ella, de oírme cantarle en voz baja y desearle dulces sueños. Tal vez ella
cantaría también mientras corre, tal vez podría yo sugerirle un escondite.
Pero el juego parece no ceder a sus
sueños, los ojos siguen agitados y transpira. La destapo un poco, acaricio su
frente y lamento no poder ayudarla. Allá en el sueño (o en su antesala) está
sola. Yo la miro, sentada al borde de la cama y tomo su mano. Haría lo que sea
por cruzar al otro lado pero no puedo. El mundo de los sueños es un mundo individual.
Estoy segura de que justo en ese momento, mientras
yo pensaba un buen lugar, el juego se detuvo, porque hizo un ruido similar a un
bufido, como si se quejara porque algo la interrumpió. Ella iba con su vestido
rojo a cuadros y se detuvo en seco, miró para atrás y vio que yo había dejado
de correr, y aunque me imaginaba parece que mi cansancio alteró su
fantasía.
En el juego sueña que sueña y que se
sabe dormida, entonces está a salvo aunque desprotegida, aunque muerta de miedo
y no muerta porque sabe que de ser así no estaría soñando. Sabe que sólo dejará
de dormir cuando muera, que morir es la única chance de mantenerse despierta y
alerta. Mientras corre y se escabulle en un vagón de tren intentando escapar,
presiente que se aproxima el momento de su muerte. Cuando se despierta es ese,
ese vagón que viaja al sur, el último recuerdo que tiene, la última secuencia
del sueño que recuerda, entonces sabe que murió en ese vagón, que antes que
pudieran cerrar las puertas el hombre que la perseguía para matarla consiguió
entrar. Y se ve que lo hizo porque ella ahora está despierta y dolorida y
triste, pero aliviada.
sábado, 21 de julio de 2012
La barca humana
"(...) Adentro no cabe adentro,
no son mis ojos
lo que pueden mirarme a los ojos
son siempre los labios de otro
Uno cree tantas cosas...
A veces uno cree que se dispone a un llanto de semanas, que se entrega a una angustia insostenible, que se presta a una melancolía eterna, a narices paspadas, a un dolor de pecho que con poco se compara. A veces uno cree, seria y racionalmente, que ese llanto con nada puede detenerse, que no hay manera, que llorará días completos y semanas y cuando lleguen los meses se dará cuenta de que aún no ha dejado de llorar.
Pero el llanto también se cansa, como el corazón de su melancolía, como los pensamientos de autocompadecerse, como el sol se cansa de alumbrar campos quemados y vacas que no dan leche.
Pero el llanto también se cansa, como el corazón de su melancolía, como los pensamientos de autocompadecerse, como el sol se cansa de alumbrar campos quemados y vacas que no dan leche.
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"Enseñan las reglas de la gramática, pero no enseñan qué decir" S.N. Free Play.
