Cuando
empecé a pensar correctamente el sol entró por la ventana. Me dije entonces: esto
no sucede por casualidad, y recibí la luz con agradecimiento, como una respuesta. Duró un momento y las nubes
volvieron a cubrirla, de todos modos ya había cumplido su misión. Lo más dulce fue el instante posterior al ocultamiento, donde lo que antes
parecía ser oscuridad, se convirtió en una dulce y tenue luz de atardecer.
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